Me miras, o eso parece. Tus ojos son inconscientes de que pesan unos gramos, y funcionan como palancas en el blando. Crack, crack; miran y atienden bien. Me miden ellos, redondos. Me oyes, como si me escuchara algún mamífero. La silueta de tu lógica es un hueso ovalado que se presenta y se balancea hacia algún lado, y lo repite. Parece como si estuvieras dentro y como si quisieras acercarte a mí porque estoy lejos.
Cuando yo paro de hablar también uso mis prótesis redondas, sin medirte las formas; con mis yemas marrones tiento desde lejos. Entonces puedo decir que veo, pero no se oye un 'crack, crack', y la superficie se puede notar suave y extensa, separada como por un vaho que difumina cualquier intención de mesura.
Así que estoy cerca, pero no tanto, y viceversa. Estoy ahí donde no se oyen 'cracks', donde se ve sin ruido; soy un gitano que usa el picaporte.
Mientras se desarrolla esta efímera atención, en tu plano se rompen los metros, acompañan al ruido de tu óvalo de hueso. Oigo cracks, algo falla otra vez. Y ahora me hablas. Empieza la acción.
No me lo espero. Tras estos momentos de interacción biológica, algo embarazosa, no me espero algo tan recto. Tan derecho. Tan lineal. De tu boca salen ruidos que componen una lengua inocente, se forma un hilo de éstos que se endurece y me atraviesa por el cuello. Me atavían de matices y significados, me cubren desde el cuello y me aprietan.
Me visten las palabras que me lanzas, así..., así como yo no me lo esperaba. Aún estaba vigilante, con mis ojos cálidos, tibios de ardiente atención. Me cubren las ideas que has soltado con tu boca abierta, de una esponja suave encerrada en el hueso amarillo.
Tu boca abierta, tu humedad desnuda y blanda, salpicando furiosa. Una sospechosa muralla emerge desde todas partes, sólida pero totalmente cubierta de tus chorros saltarines. Es una valla sucia. Lucha por despegarse de ella el robín.
¡Qué miedo! Qué ganas de huir. Que con ese charco de dentro has querido salpicarme, ¡con firmeza!, esas malditas líneas rectas. Esos sentidos delimitados, sin agujerear como tu óxido, que desde el cuello me han tapado entera.
Me acotas, me demarcas, me encuadras en un traje que yo no me he puesto. Inteligente, estúpida; interesante, aburrida; curiosa, ignorante. Me vistes de lo que piensas y las palancas ancladas a tu cerebro pierden la imagen. Me tapas de tu idea, y a ti de certeza.
Me siento enterrada, inmóvil, muerta.