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lunes, 24 de diciembre de 2012

Pasada carta al yo futuro


Supone para mí una ingrata sorpresa
concebir este cambio tan de repente…
¡es el hecho de encajar el infortunio latente
del que algún día seré presa!

De concatenación de abnegados sinsentidos
se constituye el estar vivo y demente;
De respaldar perjuicio y placer carente
nacen los niños muertos, perdidos.

Suplantación del que brama,
la ignición de la truculenta llama;
Cierra los ojos y escucha el eco del ser,
pues llegó la hora de creer.

Mas si de palabras errantes se constituye el ánima en pena
Y de la vacilante desdicha se forman débiles pensamientos,
aceptaré la desmerecida e impuesta condena.

Y no me podría permitir que ese dichoso tormento
afecte a otros, cual impropio clamor en forma de dogma.
Ese y no otro será mi humilde agradecimiento,
si surgen lánguidos tiempos de pesar que desborda.

Supone para mí una ingrata sorpresa
concebir este cambio tan de repente…
¡es el hecho de encajar el infortunio latente
del que algún día seré presa!
~

sábado, 1 de diciembre de 2012

Por favor, dame fe, aunque sea de erratas.

La visión que Kenny articula del globo representa la introspección de su inaccesible ser. La capucha es su única forma de defensa ante el fingido pero evidente descaro que determina las acciones de la inmensa mayoría. La línea que delimita su sensación más primaria y sensorial es aquella que omite la barbaridad. Él ha descubierto que sólo es posible compartir de forma saludable si es con otra capucha. Únicamente con otra capucha que se vea, de la misma forma, delimitada por su goma elástica. Es por ello que la muerte del mártir viene siempre dada a partir de la mala fe del verdugo, y la mofa de la sociedad viene adherida a ello, como si de un mejillón se tratase. Este hecho me hace cuestionarme cosas, cosas como la verdad de los pensamientos de las mentes que se aíslan en la pura abstracción imaginativa, que al fin y al cabo, es la única verdad aparente.

La representación en sí es el desencadenante de una síntesis de percepciones e imágenes, que bajo la capa del pensamiento, se desliza hacia un margen de incidencias subjetivas. La significación subsidiaria de este dato puramente objetivo ha sido un ejemplo de lo espontaneo de las contribuciones de los prejuicios, por los que a diario nos regimos.

 “Estar poseído por el demonio”.. expresiones que muestran como el sentido común diverge y oscila entre dos estados bien diferenciados. Se trata de una liberación, de un desencadenamiento de energía que escapa a nuestro control. Los afectos determinan inervaciones corporales, tensan los músculos y excitan ciertas glándulas. El pudor y el tabú al que el caos supera. El demonio no entra en danza hasta que no se produce en él una vasodilatación, hasta que no sentimos que nuestro rostro se enciende.

Todos nosotros estamos marcados por un sello de cierta unilateralidad, mientras que otros no superan el estadio embrionario de su desarrollo, al tener el hombre el temible privilegio de alejarse de sí mismo y de abandonar en barbecho una parte de su ser. Las personas que tienen el espíritu bien formado prefieren adaptarse a la vida desarrollando un gran sentido de los valores; otras, cuyo sentimiento es la función mayor, tienen un contacto social fácil, se las arreglan de maravilla para crear y vivir situaciones en las que pueden desplegar todos sus matices; y otras, que, teniendo un sentido agudo de la observación, recurrirán sobre todo a sus sensaciones más internas. Facultad de pensar mermada frente a sentimientos rudimentarios. Un pensamiento realmente profundo tiene siempre algo de paradójico, lo que a los espíritus mediocremente dotados les parece oscuro y contradictorio. La lucha de las voluntades. ¡A reflexionar sobre cierto tema! Caramelo demente.
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