Efímera gloria en el fondo de mi espíritu que vuela libre a su paso. Su pureza es envidiable; la emoción ¡incontrolable! Hoy le envío mi más cálido abrazo, cuyo origen despertó sentimiento, calmando incluso el más tímido de mis tormentos.
Hoy le mando una respuesta a la pregunta omitida, que yo nunca haría en la vida, gobernado meramente por cobardía y pudor maloliente. Renacer de sensaciones que agudizan mis cojones, pues cuando se unen ambos lazos, insoportable y difícil es el separarlos.
Relativo tiempo en dos dimensiones, mientras que por mi corrupto cuerpo fluyen ríos desbordados de afecto, verdadero cariño y aún más fuerte sentimiento. No sé expresar mi gozo, no sé agradecer mi dicha, que de hondo ¡ni en un pozo!, que de profundo ¡ni en un bazo! Todo mi mundo voltea en ese breve momento, ¡ay cuando el aire que me envuelve se aparta! Estrecha colisión controlada que me delata.
Ceñida emoción a veces contenida. Algo se mueve en mi vida, algo que huye a la deriva y que un único movimiento, jamás pretencioso, provocó en mi vientre. Eres mi amparo y regazo, instante en mi mente paralizado y fugaz en presencia, que ilumina mis noches más oscuras y sombrías. Desbordado de amor y pliegues, silencioso despegue, no obstante todavía incrustado en la atmósfera circundante. Sentencia de algo que sólo se puede exteriorizar de una manera salvaje, mas siempre en pequeñas dosis. Y yo nunca supe dosificar. Pólvora de fuegos artificiales que, en su caso, sale en forma de estornudo de dragón amoroso. Y con esto ya concluyo: el gesto que reavivó mi existencia es similar al pedo que siempre anima. Incienso compacto en barras. Cuna que mece en sus brazos para que con su aromático, perfumado y suave olor duermas arropado. Ángel espectral que entró por la puerta grande pero salió directo al cielo por el peaje de la chimenea más tiznada, en forma de humo tóxico. Lo gracioso es que nunca nadie entenderá lo que expreso, al menos de la misma forma que yo cuando espeso. Tu entendimiento será más diluido.
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