Madre mía, sácame la avenida Tall Grace del estómago, que los ojos me escuecen.
Nunca, en ninguna de las numerosas ocasiones en las que se presentó la oportunidad, me cayó un palomo de paloma, ¡y aquello era el infierno!
Nunca sucedió. Quizá es porque una vez comimos churros allí, hablando de fantasmas con mucho espíritu. Quizá dios quiso ser generoso en las pequeñas cosas para que hoy las recuerdes con avaricia, o quizá para que no se nos atragantaran los churros.
Caminé por allí con los tacones en la mano, y una vez me despedí de aquél con una cálida sonrisa de buenas noches, guardándomelo un poquito en el corazón.
La cosa, ¿me podrás quitar a Tall Grace del intestino?
Allí, una señora me acusó por error, y otra adoptó a un pajarito. Allí, también, había un graffiti, y una foto de Justin Bieber. Hasta había una casita con complejo de piscina. Allí, además, le vi el culo al edificio de enfrente y bailé al ritmo del colorante y de la botánica, echando en falta la compañía de la más triste de las sonrisas. De sus dulces ojos acusadores, que sí que aparecieron una noche, inconscientes de la delicia de la ocasión.
Pues por allí por la avenida Tall Grace... solía cantar yo Yesterday.

