Revolucionar significa conspirar contra un estado de cosas que no conviene; significa tratar de desorganizarlo para poner en su lugar algo más valioso. Así, en tanto que no se haya derrocado todo lo nocivo y no se haya consolidado todo aquello que sería bueno, no admito que se haya consolidado la protesta, no admito que se haya revolucionado lo suficiente para el pueblo.
Comprendo que aquellos hombres que miden todo por su provecho digan que basta ya de revolucionar cuando la revolución los ha conducido a un puesto en el que se sientan de maravilla, a un punto en el cual, individualmente, no puedan desear nada más. Pero insisto en afirmar que la revolución no se ha realizado para el pueblo.
Que la educación es una monstruosidad cuando es desigual lo sé, convertida en un puñado de autómatas y en una provisión de armas de todo tipo, con ayuda de las cuales se ahoga, engaña y despoja a los individuos, obligándolos a vestir las cadenas más vergonzosas de todas: las de la ignorancia.
¿Acaso no es un hecho que, en lugar de reivindicaciones reales y dignas, abundan protestas provenientes de mamporreros y punkarras de mierda? Me cago en sus mentes trambólicas y en toa su puta madre. Así y todo, no son responsables... no son sino víctimas, pues es ese mismo desconocimiento -esa ineptitud- el factor que los empuja y domina. No hemos de reprobarlos, sino sentir compasión ante su deteriorado sentido crítico.
Me aventuro a afimar, pues, que la igualdad no es legítima ni factible, y todas aquellas críticas que inevitablemente han de darse ante esta máxima me reafirmarán, pues cada una de ellas estará determinada por mentes ya colonizadas, reflejo más que evidente de existencias parasitadas y gobernadas por la más desesperanzadora mediocridad. Como comprenderéis, este texto está justificado.
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Me aventuro a afimar, pues, que la igualdad no es legítima ni factible, y todas aquellas críticas que inevitablemente han de darse ante esta máxima me reafirmarán, pues cada una de ellas estará determinada por mentes ya colonizadas, reflejo más que evidente de existencias parasitadas y gobernadas por la más desesperanzadora mediocridad. Como comprenderéis, este texto está justificado.
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