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sábado, 21 de julio de 2012

Orto solar: Indecencia subliminal


¡Primavera en la que me despierto!
Aun viviendo en una abrumadora época estival.
Por favor, dime, pues necesito saber
¿dónde está quien mi deseo alimentará?
Opacidad de nubes que empobrecieron la luz de tu aliento,
el olor de tu sarmiento.

Miren, muchas formas hay de decirlo,
Por ello he de escoger lo atípico.
Porque en la insinuación está la magia,
porque aburrido es lo explícito.

Cuando quiero regar, no riego,
y a veces riego sin querer…
intenso y sentido fue el historial,
relatos campestres de mi abono terrenal.

Mas no es mundano el origen
ni el comecome de éste,
de este precioso corazón
purpurino y celeste.

Trascendentales motivos
ocultos bajo numerosos olivos,
escondidos tras metafísicos pinos.

No me digas más, pues lo sé de buena tinta,
aunque a veces resbala y no es densa,
la vida es dura… a menudo demasiado espesa.

¡Tronquete, preciado tesoro,
te fuiste para no volver!
¡Sembradas tierras, divinos recodos,
quizá nunca os volveré a ver!

Secuoya sesgada de forma indiscriminada,
no sufras más, te digo,
pues ya crecerás again
y puede, incluso, produzcas higos.

Con tus ramas abrazaste mi ensueño,
con tus brazos acunaste a mi bebé…
indefenso y pequeño,
¡tan inocente él!

Lo acribillaste,
falto de luz,
carente de fe.

En vano y sin descanso busqué a mi princesa,
que afligida ya estaba de tanto esperar.
De repente… ‘pum’
¡se acabó moza alguna que retratar!

Destrozó tu hermosa figura
Aquel diluvio en otros tiempos descontrolado,
que únicamente constituye fotosíntesis errónea,
fotosíntesis carente ahora de su fase oscura…

El tiempo se encargó de demostrar
que ya no eres organismo autótrofo.
No eres pues más
que otro de los tantos seres amorfos.

¡Estromas incompetentes!
¿Qué el tiro salió por la culata?
No, qué va.
Parece ser que esta vez,
el tiro salió por el envés.

Otoño dorado de intensa vivencia… ¡bendita limerencia!
Quisiera encontrar las palabras que me censuren
y que la sombra de tu ausencia cubran,
pues vivo en invierno decorado con copos de otra vigencia.

¿Qué hay del resto de las ruinas?
Entre tantos y tan diversos climas,
todos esos campos no son,
sino pretextos de rimas,
oasis de mi ya escasa razón.

Podrías crear una espesa selva de raíces bien ancladas
pero yaces sobre la intensidad de un follaje muerto.
Pálida estepa desgarbada
considerada por ignorantes vulgar estorbo.

Oh, estuche de mi ilusión,
muchos se atrevieron a afirmar
que ese rotulador estaba en mi boca,
¡tú ehtáh locáh!

Juzgaron así aquello que sólo yo conocía,
poniendo en entredicho un sentimiento,
mientras eran foie-gras y queso,
víctimas de eternidad,
síntesis de voluntad en exceso.

Programa de lavadora mal elegido, siempre pensé que debiste haber echado más suavizante.

Cuando te elevas en lo alto del cielo
nos despertamos, y con inmensa alegría te saludamos.
Suave tacto de tus rayos en mi pelo,
Vehemente fuego que obnubila.

Grata niña que irradia cual alba pura,
¡le orientaba cual girasol!
Recuerdo, su cabellera era oscura,
hecha de aliciente y de valor.

Resplandor que me eclipsa
Latente energía que desvela
Ah… rayos de luz que queman.
Supremo destello… ¡presagio de vida!


“La luz que me ofreces es maestra del color,
¡sensación!” - dijo el pintor -
“…matiz que no mancha ni humilla”.

Cual tímida y volátil criatura,
Él siempre fue reservado.
Fuiste columpio hacia mi alma inclinado;
Cual tren descarrilado, tu esencia se volcó en mí.

Savia que brota en mis venas
Abono que gracias a ti riego
Fruto que posteriormente siego.
¡Llegó el fin de mi condena!

Es tu reconocimiento el que necesito;
Amor que haga aflorar y fructifique mi desierto
Intensidad que haga brotar todo mi hortal,
que riegue los surcos de angustia.

A pesar de este atranque
tan solemnemente mezquino,
mi sed de composición nunca tendrá fin;
con el cabello azulado me arrimo
a los rosales de tu jardín.

¿Es que empobreció a tus ojos el ramaje?
¿Acaso desistió el jardinero fiel que lo alimenta?

Insufribles espinas…
sangre brotará sobre tu techo,
pero te aviso, estimado amigo,
quizá tu huerta se quede en barbecho.

¿Dónde queda el espíritu sombrío
de cuya opacidad al brote llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
yo seré incontenible cual río.
Mi alma sumida en llamas.


Carácter espectral de mi amor
Alba que expande tu mente
Cual parto eres sombra que asoma cabeza
Perturbadora penumbra.

¿Dónde quedó el humo que a toda mi esencia envuelve?
Hielo y más hielo recogí en esta vida:
Bloques que tu energía disolvió.

He amado hasta llorar, he amado hasta morirme,
¡te amé hasta alcanzar locura!
Es por ello que ahora sólo quiera encontrar una cura
Que sea capaz paliar la pena y redimirme.

No necesito observar eclipses de Sol
en los campos de baladre,
porque el astro de mitologías es ojo.
Y hoy parece, está un tanto rojo.

Te guste o no, nunca jamás te llamarás Amón-Ra,
ahora serás el señor Da, para el resto de la eternidad.

……………………...
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