La
representación en sí es el desencadenante de una síntesis de percepciones e
imágenes, que bajo la capa del pensamiento, se desliza hacia un margen de
incidencias subjetivas. La significación subsidiaria de este dato puramente
objetivo ha sido un ejemplo de lo espontaneo de las contribuciones de los
prejuicios, por los que a diario nos regimos.
“Estar poseído por el demonio”.. expresiones que muestran como el
sentido común diverge y oscila entre dos estados bien diferenciados. Se trata
de una liberación, de un desencadenamiento de energía que escapa a nuestro
control. Los afectos determinan inervaciones corporales, tensan los músculos y
excitan ciertas glándulas. El pudor y el tabú al que el caos supera. El demonio
no entra en danza hasta que no se produce en él una vasodilatación, hasta que
no sentimos que nuestro rostro se enciende.
Todos nosotros estamos marcados por un sello
de cierta unilateralidad, mientras que otros no superan el estadio embrionario
de su desarrollo, al tener el hombre el temible privilegio de alejarse de sí
mismo y de abandonar en barbecho una parte de su ser. Las personas que tienen
el espíritu bien formado prefieren adaptarse a la vida desarrollando un gran sentido de los valores; otras,
cuyo sentimiento es la función mayor, tienen un contacto social fácil, se las
arreglan de maravilla para crear y vivir situaciones en las que pueden desplegar todos sus matices; y otras, que, teniendo un sentido agudo de la
observación, recurrirán sobre todo a sus sensaciones más internas. Facultad de pensar
mermada frente a sentimientos rudimentarios. Un pensamiento realmente profundo
tiene siempre algo de paradójico, lo que a los espíritus mediocremente dotados
les parece oscuro y contradictorio. La lucha de las voluntades. ¡A reflexionar
sobre cierto tema! Caramelo demente.
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