Hay cosas que nunca vuelven;
por favor,
tú no te vayas.
En medio de un sueño despierto;
y aún a expensas del futuro
voy sintiendo un dolor que es
antiguo y a su vez tan prematuro.
Al fin ya he tocado el fondo de mi noche.
Desnudas van quedando las palabras
y palpo en su pecho el monte
cual relieve de cicatriz olvidadiza.
Vaya por Dios…
¡Acuérdate!
Acuérdate de ellas…
aquellas cosas deep.
Ocurrió una y otra vez
a lo que acabé contestando
con ventanas abiertas hacia el sur.
La muerte que hace días esperábamos
ya se va aproximando a las puertas
de este bosque.
Con tantaneo de ramajes negros
los labios lentamente musitan el susurro
de nuestra pena.
Empero, todavía no evito la sensación
ni esquivo el presentimiento
de que algo que aún no ha nacido
en tu mente ya está muerto.
Anhelo el pensar que todo este tiempo no fue en vano;
me deleito al rememorar las arrugas del recuerdo.
Fuimos Vinilos Rayados.
Yo Tristán, tú Feliciano.
Hoy voy a producir como quien llora:
No de rabia, ni dolor
sino con la llamarada de un último
aliento que desola.
Me enciendo por pasadas plenitudes, mas
por esta presente demora enmudezco.
Sufro porque es en los ojos de un perro
donde hallo de la humanidad,
la imagen más desgarradora.
Sigo sentado frente a un muro blanco:
áspera roca, seca como un grito.
Muro blanco, blanco como un hueso,
¡cal viva de ímpetu calcinado!
Bombilla que iluminas lo puro;
y mientras miras todo, tu ser torna blanco,
pues Dios es la chispa de luz.
Ataviado, obtengo todo aquello cuanto anhelo:
alcanzó lo negro el limpio muro.
Le tenéis miedo a la muerte
porque no dais más de sí.
Cuando la tengáis en frente
ya te acordareis de mí,
pues una y otra vez
os lo advertí.
Carroña inmunda…
lago de sentimientos
ahogados en el tiempo,
presos ahora en tumbas.
Y me sorprendo por momentos
cuando ensimismada me hallo
recordando el mismo olvido,
la nostalgia del engaño.
Ahora conozco,
ahora ya sé.
Que aunque largo y pleno viváis,
no haréis sino perecer,
pues sois cortejo de mantis.
~
~
No hay comentarios:
Publicar un comentario