Si es verdad lo que me contaste en su día, entenderás el título de esta entrada.
Bacon; decir lo que sentimos. El que no sabe nada, no tiene mucho de qué preocuparse.
Caminar por el engaño de una avenida en una zona rural. Hacer ésto y hacerlo como si fuésemos Amelie. Lo corrupto del no saber si merecemos esas vistas; lo negligente del asumir que lo merecemos. El 'yo' incluyente; el 'nosotros' excluyente. Los recuerdos que sólo parecen ser reales a momentos. Los ratos empleados en alimentar algo que no generará resultado alguno, y la falsa aceptación de la compañía de los otros. En todo eso yace la semilla de lo natural, de lo estadísticamente aceptable, pero socialmente reprochable. Esas cosas, las mismas que en la intimidad abrazamos sin dudar.
Emplea un minuto de tu tan preciado tiempo en contemplar la inmensidad de cuanto te rodea. Trata de reducir tu ego a su mínima expresión sin llegar a provocar su completa desintegración. Extiende tu entendimiento más allá de a la mera percepción sensorial. Desvincúlate de la preestablecida idea de que existe la conciencia; aventúrate a descubrir que se debe elegir entre lo real y lo comunicable. Entiende que casi todo en el mundo puede concebirse reductivamente salvo el propio pensamiento.
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