Es el Bansky de la poesía, y tú lo sabes...
Un segundo... ¿a qué cruces me recuerda ésto?
No sé, empiezo a pensar que todo ésto son cartas que no se atreve a mandar a su destinatario.
Y el señor Da, a quien su problemática interna le impedía ser un actor más en esa representación, recurre -ya que la máscara es inevitable- a un disfraz peculiar. Hay en él una reacción a su sociedad, un negarse a vivir en una perpetua puesta en escena según las reglas del juego, un intento de eludir la rigidez de la vida en sociedad, la represión de la espontaneidad y, consecuentemente, de la niñez.
También se dió cuenta de que el organismo social ofrece una concepción de la vida partiendo de ideas abstractas, en lugar de ofrecer nociones valederas que se basen en la experiencia individual. ¿Cómo sobreponerse a tal demacración y a las pretensiones de validez sistemática?
A decir verdad, qué país no se consideraría feliz de contar con un autor como él, en especial cuando ese país es tan pequeño como éste, y cuando, sin duda, no volverá a tener otro de su talla.
Tampoco es de extrañar que todavía se encuentre anclado en su estado estético.
Everything was too much.
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