La tela gris.. Ay, la tela gris. Afortunada tela gris, ¡quién fuera una de sus finas hebras! Gris, verde, como sea (sobre todo gris). La más preciada de las telas que, sin ser de terciopelo, sería terriblemente anhelada en cualquiera de mis prendas.
Pero ese trozo de materia permanece ajeno a todo esto. Su arrendador.. Su arrendador no parece interesado en ninguna de mis ofertas. Y yo ya sólo quiero comprar un trozo de nilo que cubra mi necesidad de remiendos.
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