Resulta curioso...
alguien me pidió una vez que abriera mis ideas, que las dejara salir: mi pensamiento. Poco después ese alguien descubrió lo invasivo de su pregunta, como si de una grosería se tratara, y pidió perdón, explicándome la graciosa ocurrencia.
Eso me dolió.
Eso implicaba que fue esa persona la que puso el filtro, la que puso el profiláctico de por medio. La que estableció una barrera.
....
¿Por qué habría de importarme que esa persona tuviera la llave de mi rompecabezas? - me pregunté...
¿Por qué se habría autocensurado siquiera?
....
Le seguí la corriente, pero me di cuenta de algo. Sería mejor así. Era mejor su autocensura que mi vergüenza, que la decadencia del castillo ya construido, bonito o feo. Porque de haber sabido qué marcha llevaba en mi cabeza, esa noble personita se habría espantado.
Y ya está. Así hasta hoy.
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