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viernes, 16 de septiembre de 2016

Beautifallen

Aquel fue mi último grito de curiosidad. Mi último anhelo y desesperación, que lleno de un ya amargo interés dejé explotar en el aire, avergonzado. Fue entonces cuando ocurrió. La sorpresa venía atada de ilusión y de unas risas, muy inocentes, os lo aseguro, de esta fascinación por sus delicados rasgos.
Dulces, como los de una mujer, como los de una niña. Brillos de verano en su pelo suave y castaño; cejas rotas de oscuridad, pesadas, y pestañas tan largas como mip la distancia que nos separa; la tez limpia de la agresividad del hombre, y atún más fina bajo la sombra de su cabello dócil.
Aún no puedo aceptar que esta imagen de ensueño, que ese príncipe de otoño escriba grave con b. Porque todo aquello, todo lo que se me caía al cielo por resbaladizo, por etéreo; todo lo que denotaba un gusto exquisito y sensible se transforma de repente en un poderoso pastel de mierda.

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