No es la primera vez que tengo que hablar mal de mí mismo, al hablar de otro. Pienso con intensidad en las noches en las que, aún más tonto, pude divertirme y no juzgarme por cada comentario que hacía, pues esto ahora es algo que pesa con fuerza después de escasos momentos de euforia acústica.
Mamá, límpiame el culo!
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