Tu mirada nerviosa, o perdida, depende del caso. Tus gestos y tus brazos hiperactivos. Tus intenciones verbales y tu actitud distante. Me ponéis nervioso hasta que me doy cuenta de que lo que dais es pena. Sin embargo, envidio con furor la frecuencia y la constancia con la que os proporcionáis dosis de responsabilidad. He aprendido cosas con vosotras: hay personas incompetentes con las que quiero tumbarme en un sofá y dar volteretas.
No os quiere,
Poo
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