Los símbolos no sólo existen en las obras literarias, escritos, atrapados para siempre en las páginas de un libro. A veces son molones porque son como una experiencia virtual.Tienen algo innovador, especial, y por mucho que creas estar emulándolo desde tu imaginación, en realidad es una señal de los dioses, o del demoniete. En este caso, es una movida hiriente, porque verás... aún no sé quién es Rosa.
Sé que es simpática, atractiva, y buena cocinera. Honesta, quizá, nunca lo sabré, pero lo aparenta. Rosa ha formado parte de mi percepción vital durante un periodo determinado de tiempo en mi existencia, pero nunca ha formado parte de mi vida. No sé si me explico. Rosa no está, es intermitente. No sé si creérmelo o no, como cuando has jugado a un juego y lo recuerdas como un sueño, y al revés. ¿Por qué entonces vi a Rosa en algún momento y en algún sitio? Si no hubiera sido intermitente no me haría esta pregunta, pero ella ha estado ahí, de vez en cuando, sembrando el misterio.
Tú puedes ver un fantasma en tu casa y que nunca vuelva a pasar. Puedes incluso olvidarlo. Sin embargo, si el fantasma aparece cada cierto tiempo, se genera una sensación de vacío entre un momento y el otro, de desconocimiento. De repente, quieres entender por qué está el fantasma ahí, qué quiere decirte con esas apariciones provisionales. De alguna forma, es un suceso que te persigue, porque te carga con la responsabilidad de intentar averiguar, entender, qué quiere decir.
Aunque parece que el fenómeno poltergeist ha desaparecido, la verdad es que siento insatisfacción. Una responsabilidad que no sabes abordar sólo puede llevarte a la frustración. Aún no he encontrado la ciencia que explique este fenómeno que ha invadido mi alma, mi simpatía, e incluso mi tiempo. Si ha invadido todo eso, ha invadido mi propia vida, arrebatándome lo construido. Ahora me quedo yo aquí desnacida, desexperimentada, desintoxicada de la sensación de espejo que genera el fantasma, imitando el efecto real del familiar o el amigo: la sensación necesaria para entender que estás ahí, que existes y, más doloroso aún, que ellos mismos existan.
Me pregunto quién será Rosa...
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