Me gustan los hombres que cagan.
Me gusta saber desde el primer momento que se sientan en el retrete.
Que no quieren morir de estreñimiento, sino de almorranas.
Que van a reconocer que son apestosos y están podridos.
Me gustan los hombres que cagan y me pueden invitar al cuesco de después.
A los que les puedes pedir fuego en cualquier momento, estés donde estés.
A los que el tufo abriga y les echa los calzones a perder.
Me gustan los hombres que cagan, que se van por la pata.
Porque sé que son vulnerables a los placeres más mundanos.
Porque sé que sus besos van a saber a culo.
Porque sé que se pedan conmigo si yo me pedo.
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