En realidad, la verdad acerca del tema de lo conectivo es que no queda mucha más energía que contener, y por lo tanto exportar. Sin más. Están las cosas demasiado repetidas, demasiado definidas, yo curtida, como para que tuvieran valor alguno. Ni siquiera contemplaría revalorizarlo. Me he quejado en ocasiones Pi (piriódicas), pero algo más que el mismo aburrimiento ha llegado con él: sabiduría, sencillez. ¿De qué me andaba quejando? Si el techo del show sigue iluminado con las velitas de Dios, ¿yo para qué quiero el reconocimiento de otro huésped de bacterias, otro ser potencialmente oloroso, como yo? El techo iluminado, y yo muy agradecido, que a veces pulso botones y, quizá con demasiada asiduidad, ceno y todo. Todo esto es mucho más de lo que merezco, no debo ser tan quejica. Me retiro con una paz indivisible al lugar de mi recreo, me tumbo y recuerdo. Todo eso que recuerdo, de nuevo, es mucho más de lo que merezco. Vamos, me quedo tranquilo
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