Hay un estímulo, y su repetición genera un complaciente hábito. La pura dependencia química de un agente externo nos hace prendernos del mismo, atribuyéndole cualidades que en realidad desconocemos.
Es la pulsión que consume al poeta, aquella que yace
encerrada allí donde —como ya es más que evidente— radica la magia. Hechizo y encanto
que no son más que estímulo con lote y fecha de caducidad, encerrando lo
pasajero de la confianza, seguridad y familiaridad, luego es la existencia hedonista
que acaba determinando nuestras vidas la que hará proliferar a nuestra especie.
Si buscas la
sensación nunca la encontrarás, pero con el nexo inesperado habrá una catálisis
de desenfreno. Encontré el vínculo y lo perdí. Ahora trato de encontrar la
sensación, y sé que no la hallaré, pues es ciertamente artificial. Aun así, en
ambos encontré elogios, alabanzas y halagos, que si bien constituyen deleite,
carecen de consecuencia lógica alguna. Entiendo que ya no puedo culpar a la molécula.
Dios.. y no puedo
desquitarme de esto. No en mi intimidad
espero cosas ¿está en mí?
espero cosas ¿está en mí?
anyone please