¡Primavera
en la que me despierto!
Aun
viviendo en una abrumadora época estival.
Por favor, dime, pues necesito saber
¿dónde
está quien mi deseo alimentará?
Opacidad
de nubes que empobrecieron la luz de tu aliento,
el olor
de tu sarmiento.
Miren,
muchas formas hay de decirlo,
Por
ello he de escoger lo atípico.
Porque
en la insinuación está la magia,
porque
aburrido es lo explícito.
Cuando
quiero regar, no riego,
y a
veces riego sin querer…
intenso
y sentido fue el historial,
relatos
campestres de mi abono terrenal.
Mas no
es mundano el origen
ni el
comecome de éste,
de este
precioso corazón
purpurino
y celeste.
Trascendentales
motivos
ocultos
bajo numerosos olivos,
escondidos
tras metafísicos pinos.
No me
digas más, pues lo sé de buena tinta,
aunque
a veces resbala y no es densa,
la vida
es dura… a menudo demasiado espesa.
¡Tronquete,
preciado tesoro,
te
fuiste para no volver!
¡Sembradas
tierras, divinos recodos,
quizá
nunca os volveré a ver!
Secuoya
sesgada de forma indiscriminada,
no
sufras más, te digo,
pues ya
crecerás again
y
puede, incluso, produzcas higos.
Con tus
ramas abrazaste mi ensueño,
con tus
brazos acunaste a mi bebé…
indefenso
y pequeño,
¡tan
inocente él!
Lo
acribillaste,
falto
de luz,
carente
de fe.
En vano
y sin descanso busqué a mi princesa,
que
afligida ya estaba de tanto esperar.
De
repente… ‘pum’
¡se
acabó moza alguna que retratar!
Destrozó
tu hermosa figura
Aquel
diluvio en otros tiempos descontrolado,
que
únicamente constituye fotosíntesis errónea,
fotosíntesis
carente ahora de su fase oscura…
El
tiempo se encargó de demostrar
que ya
no eres organismo autótrofo.
No eres
pues más
que
otro de los tantos seres amorfos.
¡Estromas
incompetentes!
¿Qué el
tiro salió por la culata?
No, qué
va.
Parece
ser que esta vez,
el tiro
salió por el envés.
Otoño
dorado de intensa vivencia… ¡bendita limerencia!
Quisiera
encontrar las palabras que me censuren
y que
la sombra de tu ausencia cubran,
pues
vivo en invierno decorado con copos de otra vigencia.
¿Qué
hay del resto de las ruinas?
Entre
tantos y tan diversos climas,
todos
esos campos no son,
sino
pretextos de rimas,
oasis
de mi ya escasa razón.
Podrías
crear una espesa selva de raíces bien ancladas
pero
yaces sobre la intensidad de un follaje muerto.
Pálida
estepa desgarbada
considerada
por ignorantes vulgar estorbo.
Oh,
estuche de mi ilusión,
muchos
se atrevieron a afirmar
que ese
rotulador estaba en mi boca,
¡tú
ehtáh locáh!
Juzgaron
así aquello que sólo yo conocía,
poniendo
en entredicho un sentimiento,
mientras
eran foie-gras y queso,
víctimas
de eternidad,
síntesis
de voluntad en exceso.
Programa
de lavadora mal elegido, siempre pensé que debiste haber echado más suavizante.
Cuando te elevas en lo alto del cielo
nos despertamos, y con inmensa alegría te saludamos.
Suave tacto de tus rayos en mi pelo,
Vehemente fuego que obnubila.
Grata
niña que irradia cual alba pura,
¡le orientaba cual girasol!
Recuerdo, su cabellera era oscura,
hecha de aliciente y de valor.
Resplandor
que me eclipsa
Latente
energía que desvela
Ah… rayos
de luz que queman.
Supremo
destello… ¡presagio de vida!
“La luz que me ofreces es maestra del color,
¡sensación!” - dijo el pintor -
“…matiz que no mancha ni humilla”.
Cual
tímida y volátil criatura,
Él
siempre fue reservado.
Fuiste
columpio hacia mi alma inclinado;
Cual
tren descarrilado, tu esencia se volcó en mí.
Savia
que brota en mis venas
Abono
que gracias a ti riego
Fruto
que posteriormente siego.
¡Llegó
el fin de mi condena!
Es tu
reconocimiento el que necesito;
Amor
que haga aflorar y fructifique mi desierto
Intensidad
que haga brotar todo mi hortal,
que
riegue los surcos de angustia.
A pesar
de este atranque
tan
solemnemente mezquino,
mi sed
de composición nunca tendrá fin;
con el
cabello azulado me arrimo
a los
rosales de tu jardín.
¿Es que
empobreció a tus ojos el ramaje?
¿Acaso desistió el jardinero fiel que lo alimenta?
Insufribles espinas…
sangre
brotará sobre tu techo,
pero te
aviso, estimado amigo,
quizá
tu huerta se quede en barbecho.
¿Dónde queda el espíritu sombrío
de cuya opacidad al brote llama?
Ah, si mis mundos con su amor inflama
yo seré incontenible cual río.
Mi alma sumida en llamas.
Carácter espectral de mi amor
Alba que expande tu mente
Cual parto eres sombra que asoma cabeza
Perturbadora penumbra.
¿Dónde
quedó el humo que a toda mi esencia envuelve?
Hielo y más hielo recogí en esta vida:
Bloques que tu energía disolvió.
He
amado hasta llorar, he amado hasta morirme,
¡te amé hasta alcanzar locura!
Es por
ello que ahora sólo quiera encontrar una cura
Que sea
capaz paliar la pena y redimirme.
No necesito observar eclipses de Sol
en los campos de baladre,
porque el astro de mitologías es ojo.
Y hoy parece, está un tanto rojo.
Te guste o no, nunca jamás te llamarás Amón-Ra,
ahora serás el señor Da, para el resto de la
eternidad.
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