El
abdomen borracho debe querer decirme
que no
se puede hablar del dolmen.
Ay, que
perdí muchas cosas,
entre
ellas, la razón de mi sufrimiento.
Cuando
encontré los momentos decorosos
les
faltaba materia y no tenían campo.
Ese
cúmulo había huido y el mundo perdió la novedad.
La
noche de la vida juzgará nuestra existencia
y todas
aquellas horas muertas
en las
que me senté ajena a escuchar...
sus historias
doradas que morirán de nuevo.
¿Estás
contenta? Pues disfruta.
Soy el
astrónomo de Rasselas.
Sintió
que tenía una verdad
a la
que los hombres no hacían caso.
Su
pasión fue desvelada,
pero tú..
tú y tus códigos cifrados… pero tú y tus códigos cifrados.
Nunca
descubrirás las culturas que llevan sepultadas milenios.
Mi
nariz sangraba la composición de una nuez.
Y eso
es empírico:
yo no
he cosido pantalones para que alguien los pise.
Las
pequeñas cosas que se pierden en el día a día suelen ser las más importantes.
Por vergüenza, un sentimiento de auto negación que retrae... ¡o simplemente porque se da por
hecho y se sobreentiende!, se acaban perdiendo en el infinito. Aunque hacer
explicito estas cosas relevantes carece también de sentido, hay que saber hasta
dónde llegar
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