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lunes, 8 de diciembre de 2014

Lapsus de los héroes.

Esquivo la proyección de mis valores y contravalores en figuras como la de Dios o la del diablo; trato de retener mi valor humano, para no convertirme en un juguete incapaz. Es saludable escuchar esa voz.

En primer lugar, hemos de aceptar como símbolo el estancamiento propio, desplegar el mecanismo de expresión sin dejarnos arrastrar por el asco que pueda sentirse hacia la autenticidad de esa voz.

Acostumbrados a identificarnos con los pensamientos que surgen en nosotros, pretendemos ser sus autores. Si uno fuera más consciente de qué hay detrás de estas fantasías caprichosas, estaría en mejor disposición para entender tales conclusiones como meros sueños, no como invenciones deliberadas.

Así, afloran fragmentos en forma de imágenes y, a veces, en estado de intensa emoción, uno se opone a rendirse a ellas, y se aventura a establecer estrategias de negación para adoptar un punto de vista objetivo.

Ahora, en estos estados de conmoción, uno revela verdades incapaces de manifestarse de otro modo, y es por ello que, darse a la precisión de un estado afectivo tal, es aconsejable para una completa expresión. Mientras habla el afecto, no debería haber cabida para la crítica, pero una vez el afecto ha hecho uso de su turno, deberíamos acribillarlo y someterlo a una crítica enfermiza de la voracidad.

Es complicado coexistir con un mundo diurno de valores que ya nadie se cree e ideales exagerados. El desconcierto y la zozobra prenden el soporte del débil.

Sabido es por todos ya que no hay experiencia alguna sin predisposición subjetiva.~

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