Es de vivaces recuerdos declive
en el horizonte el cuerpo tumbado.
Allá donde llora el ángel alado
el sórdido peso del ser pervive.
Cual herida abierta y sin sangre exhibe
cómo el frágil ente yace avocado
tras contemplar reflejo mutilado
que de tan cruenta frontera no prive.
Quizá la guadaña tu aliento siegue:
no esperes calma o calor hogareño
cuando el infinito tiempo a ti llegue.
Sumida al abismo de ocioso sueño
arranca tu alma su final despliegue
volviendo rasgada y muerta a su dueño.
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