va todo tan suave ya que nuestra boca se asemeja a la capacidad de contención de una residencia para ancianos. Nuestros pensamientos son pedos intrépidos que sorprenden a los que nos rodean, a nosotros mismos.
Puede que no lo hayamos valorado, pero la poca realidad se traduce en poca seriedad, y por lo tanto nuestra opinión, en ocasiones digna de consideración, se reduce a pequeñas dosis de frases ingeniosas y perecederas. No esperes más de tu siglo, te equivocarías.
A veces, se dan casos de juventud prometedora entre la que encontramos a individuos capaces, con increíbles dotes artísticas. Pero esto no quiere decir que su destreza se corresponda con su sensatez, no nos equivoquemos. Lo único que no podemos negar es que sus obras aportan configuraciones de gran belleza, por lo que me pregunto hasta qué punto es eso meritorio mas allá del talento nato y del trabajo duro que dediquen a sus avances.
No puedo emular la formalidad de una época que no corresponde porque pronto la alienación cometerá mi asesinato.
Echo de menos aquel tiempo en el que no caíamos en decir tantas tonterías, cuando ni tú ni yo habíamos nacido.
¿Necesito vivir allí para recuperar el entusiasmo y la humildad? Para ser hija otra vez.
Ahora que estamos solos en una etapa tan poco adulta nos enfrentamos a los desafíos de un delirio enfermo que nos empuja con fuerza hacia el daño verbal que esputa nuestra fisonomía más tangible.
Poco a poco me acerco al trastorno, aunque con resistencia. Al ser un proceso incompleto, al 57%, encuentro dificultades en decidir cómo afrontar su persistencia.
La intensidad con la que fantaseo con esos momentos no es más que la fuerza que aplica la paranoia. No está entre mis opciones sacarla de mi cuerpo. Lo único que puedo hacer es ser consciente de sus acciones.
Y así, así, para siempre.
I was safe there,
in a blue room
with Josh
when I was far from
h-o-m-e
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