Te arrastrabas
retozando, dichosa,
por tus arenas movedizas
con aroma a piña colada
Nunca sabrás
que un fantasma
probó esa esencia
que tú suponías íntima,
pues te lo ocultan
tus seres queridos
Te arrastras
y entierras el barniz
oliva en el que se reflejan
esas obras
que quieres hacer tuyas
Conviertes al ajeno
en objeto de tu desprecio,
porque
así
es más llevadero,
porque así
te arrastras
No sabes,
no conoces
las versiones alternativas,
'compasivas',
que te ofrece tu dios gitano;
aquel
por el que te arrastras
y tu llanto, tu gimoteo
sujeto a las redes,
en más de un servidor...
Pero recuérdalo siempre, muñeca:
Aquello con lo que decoramos la mesa
nunca es de índole privada
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