Ayer a las siete y media éramos compañeros
¡Cuánto esfuerzo nos lleva
aceptar
que los cimientos
no los completamos!
Cuánto nos va a costar
admitir
que nuestros camaradas
han sido unos vagos,
pues
nosotros mismos
los elegimos.
Cada vez que te escuchamos hablar añades una joya más a tu corona. Ahora el brillo nos ha dejado ciegos y ya no podemos verla.
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