Mientras viajo por el vacío del que me provees
sí veo, sí que veo; sí que miro, sí perfora
la suavidad de mi estómago. La rompe,
y las piezas sobrantes caen allá
donde no alcanzo a ver más.
Así, ciega, las recojo,
pero me gotea el
color rojo de
las manos.
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