"La fascinación por la inteligencia es algo fascinante. Para mí no es un valor en sí. Gente inteligente la hay a patadas. Hay muchos cretinos, pero también hay muchos cerebros muy capaces. Voy a decir una banalidad, pero la inteligencia, en sí, no tiene ningún valor ni ningún interés. Personas inteligentísimas consagraron su vida a la cuestión del sexo de los ángeles, por ejemplo. Pero muchos hombres inteligentes tienen una especie de virus: consideran la inteligencia como un fin. Sólo tienen una idea en la cabeza: ser inteligentes, lo cual es muy estúpido, y cuando la inteligencia se toma por un objetivo, funciona de manera extraña: la prueba de que existe no reside en el ingenio y la sencillez de sus frutos, sino en la oscuridad de su expresión. Si vierais la literatura que se trae mamá de sus sensiones... Simboliza, aniquila los pensamientos excluidos del inconsciente y subsume lo real a base de matemas y de sintaxis dudosa. ¡Un galimatías sin sentido! Hasta los textos que lee Colombe (está estudiando a Guillermo de Ockham, un franciscano del siglo XIV) son menos grotescos. De lo que se deduce: más vale ser un monje pensante que un pensador posmoderno."
(Barbery, Muriel: La elegancia del erizo, 2006)
No hay comentarios:
Publicar un comentario