La invisibilidad aparente
de nuestros ideales más recurrentes
deja atónitos a mis cojones.
Pasmado me hallo
por culpa de un raro suceso:
Parece ser que ubres y nalgas
pesan hoy más que el seso.
Pensé que mi indulgencia necesitaba gafas,
pero parece ser que a mí mismo me mentí,
pues recientemente descubrí
que son épocas de inertes valores.
Ay de mí... ¡Prominente degeneración basal!
Segmento de una sociedad endiablada
cuyos colectivos no consumen sino violenta exaltación
de su propia atrofia e involución.
Clamo prudencia, madurez
y dictamen del alma;
Pues no dejan de sorprender
ya a mi decadente calma.
Hipocresía fingida de idoneidad que adopta un rol inguantable a mis ojos. Cuestiono así la verosimilitud de vuesto valor intrínseco, dado que manifestáis desembarazo de vida. Más que educación, falta un
sable, pues desde vuestra impertinencia esclavizáis a mi ano. No puedo ser más explícito y gangrenado.
Retrógrado valor que se extiende allá donde vuestra sombra acecha... semillas marchitas, maldita cochecha. La exacerbación más atroz hoy me consume, poco a poco se va aminorando mi percepción más utópica de la existencia y la esperanza de lo que cada vez es más improbable.
Merecéis un pedo sin energía.
~
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