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sábado, 5 de octubre de 2013

Por él me he pintado las uñas del ventrículo izquierdo.

Quizá te convertí en poema porque tengo la vergonzosa vena artística de Andy & Lucas, pero te prometo que la admiración siempre fue real, aunque fuera desmedida. Quizá nunca más me acerque a esos poros que supuran melodías nórdicas en forma de hilo dental, con un fuerte color a magia intensa. Pero tú eres aquello que me animó a morir con más dignidad. Me regalaste esas palabras que me desnudaron, y tu despacho nunca fue para mí un templo. Nada más lejos de Quihote.
Aunque te recuerdo vagamente, aunque el tiempo me ha alejado de aquellos abantos a los que me gustaba aferrarme incluso con dolor, debes saber que no te olvidaré, aunque caigas en imagen.
Ojalá nunca me hubiera marchado, ojalá no fuera tan gallina. Me gustaría ser Edward, pero no lo soy, y nunca una de éstas retiradas será victoria. ¡Ay! Que siempre patino en lo mismo. ¡Ay! Que me acobardo ante ti, milord. ¿Cuándo aprenderé?
Siempre llega el momento en el que cuando te miro, tengo ganitas de morir. ¿Tanto me avergüenza mi sombra, ante tu emulación divina? Debería fantasear con la educación de tus ojos, pero eso perpetuaría la tortura. ¿Puedo dimitrir? Si con tu permiso pudiera dejar de ser monstruo...
Que alguien me conozca, por favor, y me recete educación del norte.

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