Siento hablar tan vacío, compañeros. Lo único que puedo emitir dejó de ser palabra hace ya mucho.
Me has paralizado la existencia, y ni siquiera sabes cuál ha sido tu poder. Me pregunto si sabrás de qué hablo si te digo que te lo cuento en términos de pureza. Si fuera la de Heisenberg para ti también, no estaríamos tan muertos el uno para el otro. Puede que yo mismo creyera que era de tal calidad porque no probé nada tan bueno antes. No, miento.
No... Lo voy a hacer por ti, otra vez.
¿Por qué tú...?
No me decodificaste nunca, pero
¡cuánto me hiciste sonreír!
Ambas tendimos a categorizar de épico
lo que de sobra era cotidiano.
¿Acaso es por eso que ahora
te recuerdo y lo extraño?
Como tantos nos colamos,
te extraviaste buscando el refugio,
y nos escribiste patrañas
desde un odio infundado.
Las soluciones inmediatas...
¿Y esta risa de hoy?
Nada tiene ya que ver con aquella
que arrancabas de las noches
en las que llovía en los árboles.
Recuerdo la primera y recuerdo la última.
Cómo me hubiera gustado
que todos hubiéramos sido
sólo un poco más buenos.
Todos, un poquito. Lo necesario
para sonreírnos a los ojos.
Algunas palabras pesarán siempre demasiado.
Los recuerdos no pueden hacer dieta.
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