El código morse es el lenguaje menos pretencioso ya que enmudece a la intención subyacente. Lo fanático de la alusión es el foro de la polémica que descarta sentimientos de flotación. Así como el excesivo recelo genera biberones de inutilidad, los sábados canta el cuco de la desesperanza en toda ciudad desarrollada.
Es por todo ello que los contratos que observo últimamente me cuentan cosas del espíritu humano. El derecho de delinquir me lo reservo hasta el día en que alguien me ame, pues el divorcio es la principal herramienta en la textualidad del cariño. Querer queriendo es un engaño forzado, siendo más puro y notable el odiar odiando. Lo primero una utopía deseada, lo segundo una triste realidad hasta que se consume nuestro noble e inocente espíritu.
Parece que el mundo impide matar pero incita a mutilar, quizá sea mejor disfrazarse de lo común en un afán de no distinguirse y así evitar ser presa. Así, éste es un sitio lleno de enemigos que en lugar de matarnos, marcaron nuestro cuerpo para que recordáramos perpetuamente que podrían haberlo hecho, para que supiéramos quién era el Amo. De ahí deduzco que Cristo no vino a traer el perdón, sino la deuda eterna: nos hizo culpables, y con él viene adherido el único e inédito pecado original.
Un gusto malicioso acaso, no escribir más que aquello que pueda desesperar a los hombres que se apresuran. Es un arte venerable que pide ante todo a sus admiradores que se vuelvan silenciosos y pausados ante su honda intención.
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Parece que el mundo impide matar pero incita a mutilar, quizá sea mejor disfrazarse de lo común en un afán de no distinguirse y así evitar ser presa. Así, éste es un sitio lleno de enemigos que en lugar de matarnos, marcaron nuestro cuerpo para que recordáramos perpetuamente que podrían haberlo hecho, para que supiéramos quién era el Amo. De ahí deduzco que Cristo no vino a traer el perdón, sino la deuda eterna: nos hizo culpables, y con él viene adherido el único e inédito pecado original.
Un gusto malicioso acaso, no escribir más que aquello que pueda desesperar a los hombres que se apresuran. Es un arte venerable que pide ante todo a sus admiradores que se vuelvan silenciosos y pausados ante su honda intención.
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