¡Cuán duro es que las mierdas que flotan en el retrete se vayan alejando poco a poco debido a la marejadilla! Sólo la cadena de pleamar podría llegar a reconciliarlas, pero esa cadena es la que separa la decencia de la insolencia más fétida. Porque, te guste o no, las mierdas también se enamoran, y... ¿sabes qué? Encontrar dos mierdas que peguen no es tan difícil. Masilla plástica adornando tus posaderas neurálgicas.
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