A regañadientes entraste,
pero mi vida alteraste.
El duodeno me abrió paso…
¡muy majo conmigo fue!
En tu mundo me bañé.
Mi cuerpo garbeaste…
y sin embargo, pal’ arrastre me dejaste.
De tu jugo me impregné,
a tu ácido idealicé.
Rebozaste mis ideales
y magnificaste mi esencia,
transformándome en algo muy distinto,
al menos, de presencia.
Mas yo te abandoné,
¡por el píloro escapé!
Lo sé, te defraudé,
y aun así, me regocijé en tu piel.
Simpático quimo podría haber sido,
pero ahora veo en lo que me he convertido… ¡MIERDA!
Sin embargo, pese a que estoy derrumbado,
no olvidé de donde vengo,
ni lo chulo del trayecto
que por tu fragmento crucé.
Pero no te preocupes,
algún día fermentaré,
y tu naturaleza
por siempre abrazaré.
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