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martes, 22 de mayo de 2012

Feelings (II)

¿Qué hacer cuando lo que antes fue miel y azúcar, ahora el muesli de chocolate? Almendras que ahora buscan un nuevo caramelo, porque en el que se bañan está podrido. Pura mierda derretida por el sol, que ahora arrastra la corriente de lo retestinado. Bucle que apesta a recuerdos de la inocencia más vehemente. Bucle infinito de ardor en el páncreas. Páncreas que ya no es gracioso, y cuyas hormonas acaban desechándose y desperdiciándose en la más mísera, vergonzosa y culpable pena. Esta digestión empezó con sabor a snack, y acabó con olor a pura mierda. Mi pituitaria ya no lo soporta más. Es triste, pero ya sólo queda esperar que una nueva digestión limpie tus intestinos. Nuevos ingredientes y un nuevo condimento que conseguirán crear, de tu masa, renovado cimiento. Y... ¿quién sabe? quizás algún día, cuando huela aquel caramelo, añorados recuerdos, ¡preciados momentos! vendrán a mi cerebelo. O al menos eso espero, porque esto es un jodido rollo macabeo. Cuesco de lobo... y no hablo de la seta.

Por cierto, este hongo puede ser encontrado en los bosques de coníferas y de árboles de hoja caduca, en verano, otoño y primavera, especialmente junto a excrementos de ciervo. El hongo es blanco y a medida que alcanza la madurez, se va tornando marrón. Sólo es comestible cuando es de color blanco... (¡nunca lo ingieras si es marrón!,  pues puede ser tóxico).

Y lo peor es que la peste todo lo contamina y corroe. Todo lo desgasta, todo lo altera, incluso el aire más incorrupto y verdadero. Ya no queda más Oust en mi corazón... pues también se lo llevó el hedor. Sentidos adulterados por algo a lo que todavía no sé poner un nombre. ¡Tú, gran pedo sagrado..! Dame al menos una alergia, y deja que estornude mis emociones más cálidas. Pero no lo harás, y dejarás que me consuma. como aquella cerilla que un día encendí para tapar tu fragancia de pato WC. Intenso resquemor interno, desfigurado por la decadencia del ego más profundo y caoba. Emociones que ni siquiera puedo trasmitir a mi flora intestinal. Lienzo a medias por falta de pintura color marrón. Muerte intestinal de mi corazón. Tsss..! Pero, ¿qué se yo? Ya ni distingo cagueta de ladrillos. Ya ni distingo al beige del marrón. He perdido, de magreta, la receta que cocinaba con sus turbulentos movimientos tu panceta.
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