Pues vaya, vaya mierda. Resulta que tengo problemas de índole práctica, inmediata, de puro tránsito. Pero claro, mientras, aquí tengo el pastel.
Dejad de tocarme las góndolas, gondorrinas. Yo nunca quise de vosotros nada más que espacio en el retrovisor. Maldito monstruo bípedo de movimiento apañalado. Yo sé que el prota-prince de
Shadow of the Colossus tiene un par de buenas canicas ahí debajo, pero a ti... ¿a ti qué mierda te pasa debajo de las putas y encima del himen? Ah, no, que ya no. Sea lo que sea, te hace parecer un panda tintado con el color del retraso encendido, de la pretenciosidad de un ser de ideas cojas. Sin embargo, debo admitir que es increíble cómo has podido llevar a cabo la heroica tarea de pilotar un 11 Sopa. Pero te digo una cosa: igual que quieres simular al panda adorable, quieres simular a la mujer 2.0, cuando por adorable entiendes chaleco de lorzas y, por mujer, chaleco de lorzas armado. Mira, a mí me gustan los peluches y no apruebo lo que haces, así que te voy a matar y me voy a hacer un cocido de gañán.
Aunque antes quizás me cague en tu prima, la que reparte el peso cual Metal Gear Rex. Peso que, por cierto, se encarga de recargar habitualmente con nuevas cabezas nucleares provenientes de los ejércitos con la artillería más tupida de todas. Cuando digo habitualmente digo 'de semena en semena y tiro porque me llueva escarcha'. Escucha, me duele no poder mirar a tu prima como lo hice el primer día, cuando me prometió que estaría a la altura de las circuncisiones. Mira que sabías que me ponía en danza, pero tú te pusiste garrulo (vaya por dos!) y decidiste cometer incondencesto. Te advertí que aquello era un acto contra el respeto propio y el ajeno, un pecado sinuoso. Pero esto nunca te alejó de tu popósito, como todo lo que que plan(t)eas. Sabes muy bien que yo me entendía mejor con tu prima, pero para aquel entonces ella era un panda común, un panda antisocial. Siempre centrado en sí mismo, rodeado de todo menos pandas, recibiendo elogios por aquellos que envidiaran su arquístico estampado; y es que el panda en el país de los osos pardos es el rey.
¡Qué digo, me dejo llevar por el lodo! Yo sólo me interesé por ella porque se puso a bailar las canciones a las que mi tropezón estaba suscrito y porque me hizo pasteles de Cacasitos. Pronto me di cuenta de que aunque a los dos nos gustaba el bambú ella nunca lo compartiría conmigo, aunque sí con aquellos que le ofrecieran pepinos. Cuando vi lo jodidamente vacía que estaba, decidí dar marcha atrás y no engendrar una decepción con un monstruo. ¡Qué gracioso! Ella piensa que fue cosa suya, no cayó en que aquí el que tiene la vertaja y toma esa descisión soy yo. No me importa, ahora tienes un problema más pesado y más gordo (cuidado, que no es lo mismo). Jajajajai, la muy descarada cree que soy gilipollas, y por eso mañana voy a comer bambú con sus amigos.
En fin, que no quiero entrar en detayes, como beis. No me preocupa demasiado este problema de sobrecarga de alimentos, porque sé que mi tránsito se liverará cuando éstos hayan ebacuado la zona. Mientras dejadme espacio en el retrovisor, ¡maldita sea!, que quiero maquillarme a la inmadura.
Bye bye chocomierda.
P.D: disculpad, pero por motivos muy profundos no he sido capaz de justificar el texto.