¡Clama
a la inspiración de la poesía
enraizada
en lo demente!
Anhela la
prosaica melodía
en ella
siempre presente.
Se
pierde en brújulas desimantadas
cuando busca
tu ostentoso retrete.
Se queja
de tus tripas estancadas
cuando apestas
su debilucho corazoncete.
Y para
él lo certero de estrofas de amor
se pierde
en el hilo de otro escuálido tema;
Mas no siente
simpatía hacia palabras de olor,
ni aspira
a metapoesía que envenena.
Conceptos que arrancan de cuajo
¡sin paliativos
ni paños de agua caliente!
jirones
de una realidad aparente…
de entrañas
reventadas en su vientre.
La
violencia de “ánima descarnada”
ya no
alcanza tal magnitud;
necesitará
pues palabras nuevas,
de mayor
brusquedad y ensañamiento,
de una
mayor amplitud.
Hasta no
hace mucho buscó canción que le librara de cegueras, pero desafortunadamente, ésto le costó tus días. Ya no es suficiente satisfacer la degradación que sufre y perturbación
mental por la que se rige, pues es esclavo de plomizos principios. Me resulta
complejo así analizar su estado vegetativo, aquel que organiza lo intelectual
de su infundada existencia. Su
lacónico y reservado pecho se asemeja en ocasiones a la taciturnidad y a lo tétrico
del purgatorio, pues percibo lúgubre tormento que no consigue tirar abajo el techo
de problemas que gobiernan su mierda de corazón.
Recordad: cada uno Da lo que recibe, luego recibe lo que Da.
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