Un suceso impertinente y una costumbre aduladora, que aun estando en cafetera, nunca caerá en monotonía. Cagalera mental que no turba la esencia de lo cierto. Diarrea severa. Desconcierto.
Conocimiento profundo dentro de un agujero de inseguridad pintoresca. No conozco una existencia en la que lo audaz y rutinario renieguen de confluir. Resultando un perenne higo marchito, fusionando la papaya alegre y desenfadada de la que te enamoraste por lo diáfano de su encanto.
Grosería cochina. Mito de la caverna. Zalamería empalagosa que, no obstante, nunca llegará a saturar el armazón de tu cordura. Despilfarro de sensaciones, emociones que te hunden en arenas movedizas, más que revoltosas, tocapelotas. Lodo, barro incrustado en mis cojones.
... y todavía no sé si viene de cabeza o de nalgas. Aborto de mi escroto en llamas, purificadas ahora por tu ungüento desangrado. Si tu excremento fétido supiera de la existencia de mi desviación anal, me traería de vuelta a casa por la vía rápida* [véase apéndice nº1]
Ya no cago en 'unicornio', ahora estoy cifrado en un black and yellow tono sepia anostálgico. Codigo binario que sólo conoce ceros. Acampada de calor, en lo que en su día fue un espeso y silvestre Amazonas, y ahora no es más que salvaje y funesto bosque talado. Es bigote sin perilla, donde habitan mis ladillas. Son nudos, rizos voluminosos que privan constantemente de su derecho al mar de la cisterna.
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*op. cit: La más rápida, gruesa y peor asfaltada de las autopistas.
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