Tu discurso es siempre entrecortado:
palabras que sin rechistar trago.
De digestiones que atrancan, decisiones yo tomé,
como cerrar mi garganta la próxima vez.
Jodido bandolero…
¡me niego a seguirte yo el juego!
Pues son punzantes los dardos
que tan a la ligera sobre mí son clavados.
Munición ligera que aún ansío,
mas sólo acaricias mi piel con buñuelos:
torpedos que en el fondo resbalan.
Artillería pesada que todavía hastío.
Tarea complicada... el calibrar tus balas.
Me ahogas en pesadas fragancias,
haciendo cansina mi estancia.
¡Quien tuviera cloroformo pa’ ocultar,
quien tuviera ardientes brasas pa’ hornear!
¡Pirólisis de mi vida!
¡Y no pido
bizcochitos bailongos!
Tan sólo reclamo,
para mi higiene, escobilla.
Mas sólo
ofreces didgeridoo austral_y_ano y dos bongos…
mondongos
que por tanto percutir, ya ni brillan.
Vástago que asoma el morro… cohete que despega para
perderse en la mar. Trayecto escabroso con turbulencias pero sin incidencias,
salvo para mí. =( Troncos que caen seguidos de celulosa y papel. Y… nos
complementamos genial cromáticamente hablando, aunque no me agrada nada la
estación donde lo recojo… túnel ennegrecido por el carbón de trenes
mercantiles.
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