Con la misma ilusión que se desgarra un envoltorio, yo cago hoy mis abalorios.
Destreza que se forja entre pieza y pieza. Pieza que a muchos, a simple vista,
les puede parecer o resultar oscura, negra, tenebrosa… ¡maldita y mundana ignorancia
apestosa!; mas si se pararan a besar, ¡incluso a olfatear! captarían su
impoluta dignidad y benevolencia. Pero el frenético ritmo de la vida no nos
hace recapacitar. Seguimos estrictos horarios, hasta para lo más primario como
el cagar. ¿Y si yo quiero trasnochar para mi truño expulsar? Rígidas normas y
estúpidas convenciones sociales mal adoptadas, mal digeridas, mal
interpretadas, mal dispensadas... desparramadas.
Con la misma rapidez de un apretón, hoy yo me rasco un cojón: el derecho. Velocidad
impetuosa que no nos hace ver sino el techo. ¡Párate, sésamo de mi ano! Para y
contempla de tu cielo el encanto. Tu verano recubierto por estrellas lúcidas
cual gotelé recién salido de mi pequeño orificio. Sensaciones cósmicas,
siderales. Aplicación de grumos en pared por el compresor de una boquilla medio
cerrada… o medio abierta, pesimistas de mierda. Boquilla que algunos consideran
Dios, y otros sólo el más puro ser demoníaco que despierta en nosotros locura y
diarreas con espesante. Veneno depositado en efímeras vigas de hormigón.
Amigos, congéneres, vivid con un objetivo. No mancilléis los retretes que
mancháis con violencia, pues no son de nadie más, sino vuestros. Por objetivo
no entiendo avaricia, ni un único membrete, por objetivo entiendo un ojete lleno de
posibilidades… algo así como una freidera, un colador, qué sé yo. Mil puertas
abiertas tras una boca entornada, que sepa tragar lo
justo y necesario para no empalagar ni intoxicar al cuerpo que alimentará.
Open-minded-anuses.
Todo truño tiene cabecillas, masas que se dejan llevar por líderes, líderes
mal escogidos, a través de métodos poco cocidos y un tanto rebuscados en los
recodos de tu interior. Yo contra el muro impacto ya que ni siquiera sé cuál es
la gracia y fundamento de vuestros pactos. Pactos ajenos al resto de vuestras
mierdas. Pero al final, ocurre lo que queréis… todas ellas acaban pasando por
el aro. Un destino anticipado a vuestras ganas de manipular, de trasformar lo
blando en duro, lo decente en imperfecto, maloliente. Sólo os diré una cosa,
con esos ladrillos de arcilla, vuestra consistencia será similar a la del museo
de cera. El calor de la vida os irritará y arderéis en el
infierno, a sabiendas de que podíais haber tenido una cabaña con tronquetes de madera en los
más preciosos parajes nórdicos. Y aún así creo que hay algo que no sabéis… Sí,
las revoluciones caen como las mierdas, por su propio peso, gracias al
incentivo de vuestra adulteración y mala composición. Definirán vuestra pronta
desintegración, y pasaréis al olvido de una cañería. ¿Crisis? Sí, fecal, de la
que huele mal.
¿Desde cuándo todos somos iguales? Hay ñordas que acaban secándose en el
pavimento más ardiente, otras caninas que son recogidas por amos responsables, otras
felinas que acaban cubiertas por arenilla, y otras que acabarán haciéndose
pasar por Nocilla, and who cares after all? Pero algo os digo, nunca serán Nutella, pues la avellana pertenece a otras doncellas. Y…
¿por qué no?, os confesaré algo, si yo fuera una acabaría dando vueltas en una
noria. Noria que me rociara con agradables aromas de suavizante Vernel... lavadora de mi antojo, su futuro enojo.
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