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sábado, 2 de junio de 2012

Pa' lo que me queda en el convento, me cago dentro.

¿Y me tengo yo que resignar sabiendo que mi truño más perfecto no cayó dentro?


El gran ñordo finalmente aconteció, barriendo a su paso las únicas celosías limpias. Ojalá la peste a mierda fuera tan pura como antes… ¡mas ya no hay vuelta atrás! Ahora, ciertos ambientadores han cubierto la casa de las fragancias poseídas por el demoniaco ser más pestilente.

Me cago en tu hedor fétido y en tu mente desgarbada, pues ahora ya ni queda de mi guiso la más dorada empanada. Suceso marchito en color platino que ha matado al único excremento que merecía la pena, haciendo que odiara a su vez, a la mosca que tanto necesitaba en su hez. ¡Que alguien le devuelva la vida, que alguien le devuelva el riel!... pues pese a aquel tranvía de dolorosos sucesos, ese pequeño animalico le seguirá siendo fiel.

¡Eh, tú! Ven y explícame... ¿cómo pretenden que viva en las Bermudas si yo lo único que anhelo es una nueva muda? Nunca presencié una indignación más palpitante… ¡con decirte mi ano ahora ya ni me saluda! Maldita región lanuda; los nudos son exuberantes; ¡su mirada espeluznante! Inquietante área inhóspita plagada de buenas e irónicas sensaciones;  repleta de ingenuas, pero malinterpretadas intenciones, pudiéndose resumir sin más rodeos en la decepción de los tronos con los que me codeo.

Me llena un profundo sentimiento de defecar pero, ¡hey! ¿sabes qué es lo que no me espera? ese bonito retrete sobre el que mis nalgas posar, al que mi interior confiar y en el que mi huella depositar. Supongo desespera, esta trágica, desgarradora y predestinada pena. Tocado y hundido, lamentablemente.
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