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sábado, 23 de junio de 2012

Mierdas blandas Vs. mierdas secas: Conflicto generacional.

No puedes permitirte el lujo de olvidar cuando tus mayores te cambiaron numerosos pañales. No. Sepas, puede que llegue el día en que esos, los mismos que limpiaron tu caca y empolvaron con talco tu suave y terso culete, sean ancianos, se caguen y tú tengas que limpiarles el ojo guiñado, jiñado. Y de veras siento tener que ser así de crudo, pero es la mejor forma de enfrentarse a la realidad. De la misma forma te digo, no muestres desapego con aquellos que, de crío, te dieron incontables potitos. Potitos que tú, pequeña y endiablada máquina de defecar, transformarías posteriormente en engorrinados pañales. Papillas que, lo que ahora son temblorosas, marchitas y arrugadas manos, prepararon con esmero y cariño para ti. Y este puto mundo está lleno de residencias de ancianos. La tercera edad, personicas de segunda mano, humanos de segunda división. Seiscientos que un día fueron aparcados, y ahora llegamos nosotros con nuestros carricoches de emblema caro y nos plantamos en segunda fila... ¿verdad? Eso está feo y lo sabes. No caigas en el error, ya que son miles pedorretas que te brindaron, y lo único que te dignas a devolverles son asfixiantes y fatigantes cuescos a cambio. Y con esto no pretendo que me malinterpretéis, pues no es misantropía lo que quiero hoy expulsar, sino otro sentimiento totalmente antitético (seh, graciosa la palabra) que ahora os voy a mostrar: filantropía y amor al género mundano. Confío así en la souciedad. Souciedad que podría ser moucho menos turbia y difusa. Sólo hace falta un cambio interno, un retortijón tripal en tu bolsa de marsupial. Bolsa de doraemon llena de mierda, cagada. Espero ser el motor que te arranque con esta conclusión, que tu ser desatranque. Be good.

Todo esto en verde eléctrico, nuclear.
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