No puedes permitirte el lujo de olvidar cuando tus
mayores te cambiaron numerosos pañales. No. Sepas, puede que llegue el día en
que esos, los mismos que limpiaron tu caca y empolvaron con talco tu suave y
terso culete, sean ancianos, se caguen y tú tengas que limpiarles el ojo guiñado,
jiñado. Y de veras siento tener que ser así de crudo, pero es la mejor forma de
enfrentarse a la realidad. De la misma forma te digo, no muestres desapego con
aquellos que, de crío, te dieron incontables potitos. Potitos que tú, pequeña y
endiablada máquina de defecar, transformarías posteriormente en engorrinados
pañales. Papillas que, lo que ahora son temblorosas, marchitas y arrugadas
manos, prepararon con esmero y cariño para ti. Y este puto mundo está lleno de
residencias de ancianos. La tercera edad, personicas de segunda mano, humanos de
segunda división. Seiscientos que un día fueron aparcados, y ahora
llegamos nosotros con nuestros carricoches de emblema caro y nos plantamos en
segunda fila... ¿verdad? Eso está feo y lo sabes. No caigas en el error, ya que son miles pedorretas
que te brindaron, y lo único que te dignas a devolverles son asfixiantes y fatigantes
cuescos a cambio. Y con esto no pretendo que me malinterpretéis, pues no es
misantropía lo que quiero hoy expulsar, sino otro sentimiento totalmente
antitético (seh, graciosa la palabra) que ahora os voy a mostrar: filantropía y
amor al género mundano. Confío así en la souciedad. Souciedad que podría ser moucho
menos turbia y difusa. Sólo hace falta un cambio interno, un retortijón tripal
en tu bolsa de marsupial. Bolsa de doraemon llena de mierda, cagada. Espero ser
el motor que te arranque con esta conclusión, que tu ser desatranque. Be good.
Todo esto en verde eléctrico, nuclear.
~
Todo esto en verde eléctrico, nuclear.
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