Es curioso, porque aquellas tripas digirieron mierda, como
tantas otras y, aquellos culos, eran unos culos hermosos, de escándalo. Sin
embargo, conservaba un espíritu puro, de coliflor. Pero no, no supieron darte
forma. Delicadas y sinuosas caricias: tu gestación. Pero tu llegada al mundo no
iba a ser tan agradable, porque esos anos... Verás… esos anos… tenían pelo. Ya,
bueno. Tenían mucho pelo. Era oscuro, y despuntado. Pequeñas escarpias que, mal
repartidas, te rasgaron el alma y... ahí, ya ves... ¡ahí! se corrompió tu
espíritu. Espíritu bien engendrado, ¡bien digerido!, pero mal moldeado, y mal
parido.
Hoy pagas sin tarjetas de crédito esta horrible y mala
pasada, como las uvas. Horrible pero, como todo lo natural, aleatorio y
magnífico. Lo peor que te ha pasado y, aun así, te maravillas, pues son
circunstancias. Pequeños detalles de esta disparatada realidad, ¡las pequeñas
jugadas del cosmos!
¿Dónde te llevan? ¿Dónde le llevas? ¿Es ello infinito o...
lo es tu pregunta? El bucle infinito que se refleja y resume en las golosinas
que resultan de tus dulces e íntimos placeres. Desagradable y maloliente pieza que se
magnifica con la poesía más bizarra. A veces, lejos de tu entendimiento. Un
entendimiento más diluido.
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