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viernes, 15 de junio de 2012

Un mundo lleno de sorpresas, para bien... o para cagarse


Es curioso, porque aquellas tripas digirieron mierda, como tantas otras y, aquellos culos, eran unos culos hermosos, de escándalo. Sin embargo, conservaba un espíritu puro, de coliflor. Pero no, no supieron darte forma. Delicadas y sinuosas caricias: tu gestación. Pero tu llegada al mundo no iba a ser tan agradable, porque esos anos... Verás… esos anos… tenían pelo. Ya, bueno. Tenían mucho pelo. Era oscuro, y despuntado. Pequeñas escarpias que, mal repartidas, te rasgaron el alma y... ahí, ya ves... ¡ahí! se corrompió tu espíritu. Espíritu bien engendrado, ¡bien digerido!, pero mal moldeado, y mal parido.

Hoy pagas sin tarjetas de crédito esta horrible y mala pasada, como las uvas. Horrible pero, como todo lo natural, aleatorio y magnífico. Lo peor que te ha pasado y, aun así, te maravillas, pues son circunstancias. Pequeños detalles de esta disparatada realidad, ¡las pequeñas jugadas del cosmos!

¿Dónde te llevan? ¿Dónde le llevas? ¿Es ello infinito o... lo es tu pregunta? El bucle infinito que se refleja y resume en las golosinas que resultan de tus dulces e íntimos placeres.  Desagradable y maloliente pieza que se magnifica con la poesía más bizarra. A veces, lejos de tu entendimiento. Un entendimiento más diluido.

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