No he visto mayor grandeza en otros truños. Son los tuyos
los más compactos. Zurullos con un tipín envidiable. Envidia sana, como tu
dieta, aquella que desprende lo que yo admiro. Ideas que entran a través de tus
ojos, para abrir otros ojetes. A veces ojetes ajenos, forasteros: Ohios. Eres
sensible al tacto, llegando a acariciar al propio papel de doble capa.
Terciopelo de amor que compartes con el mundo. Sólo pido poder tu atmósfera
olfatear, para de ti, poderme impregnar y renovada percepción reclutar. Dichoso
sea el tazón que reciba tu Nesquik más endulzado. Bienaventurada la presa
hidráulica que reboce tu Venus de Mileto. Costra que escara, finalmente reblandecida por tu
amor. Ese es el Dios que quiero yo.
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