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sábado, 23 de junio de 2012

Desmitificando el mito: de “todo lo que tocas se convierte en mierda” a “todo lo que cagas se transforma en caricia”


No he visto mayor grandeza en otros truños. Son los tuyos los más compactos. Zurullos con un tipín envidiable. Envidia sana, como tu dieta, aquella que desprende lo que yo admiro. Ideas que entran a través de tus ojos, para abrir otros ojetes. A veces ojetes ajenos, forasteros: Ohios. Eres sensible al tacto, llegando a acariciar al propio papel de doble capa. Terciopelo de amor que compartes con el mundo. Sólo pido poder tu atmósfera olfatear, para de ti, poderme impregnar y renovada percepción reclutar. Dichoso sea el tazón que reciba tu Nesquik más endulzado. Bienaventurada la presa hidráulica que reboce tu Venus de Mileto. Costra que escara, finalmente reblandecida por tu amor. Ese es el Dios que quiero yo.
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