He rezumado el pus más puro
y he producido el excremento más duro.
Hoy mi sufrimiento se manifiesta,
se rebela contra mi amarga fiesta.
Fiesta de desazón, desazúcar y arrepentimiento
que se escapa de todo acierto.
La fiesta del desfogue...
de la mierda en tus conceptos.
No hay conexión; no hay sentido.
No hay manera de digerirlo.
Sólo la idea sería un disparate.
Pero aún no sé no echar de menos.
Ni tampoco sé odiar.
Enséñame, como otros pueden, a olvidar.
¡Enséñame como si se tratara de cagar!
Enséñame a odiar lo que conocí con ilusión y traté con el cariño más revoltoso. Enséñame a odiar porque, aquel que no supo interpretar, actuó como un triturador en el retrete, convirtiendo lo que produces con calor en potitos con sabor a pedete. Tan inconcebible como ese utensilio es, que un ser pidiendo auxilio, acepte tu mano y luego te tire a ti pa' adentro. Comportamiento gorrino. Es tan difícil obligarse, tras entender esto, a alejarse del recuerdo sin cariño. Esfuerzo que trae un dolor mezquino, como si de estreñimiento se tratase.
Es difícil lidiar con esta paradoja.
Es difícil poemar sangrando
porque ahora no es marrón,
es roja.
Es difícil poemar sangrando
porque ahora no es marrón,
es roja.
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