Yo cago muñecos de barro bañados en azul purpurina,
con corazón aún más brillante. Tu cagas engendros que alquilas luego como
amigos... pero escúchame atento, los okupas de tu intestino acabarán siendo desahuciados,
por su propio pie, abandonarán lo que te has labrado: barbecho mal configurado,
inundado por pesticidas corrosivos. Aniquilación errática.
Al final resulta que los extremos acaban por
tocarse. Tan extremista es la boca que todo lo que acaricia saliva y llueve
como el culo que todo lo muele. Tan mal huele el desagüe como la lluvia más
ácida de tus profundidades. Apesta a mierda como sus bocas al abrirse para
hablar.
Y a veces exclamo: “¡Ay! qué pelazo tienes...
pero en realidad lo que pasa por mi corteza es: “qué palazo más chulo tienes en
la sesera de tu más sucia bajeza”. Bajeza que otros denominarían “atolladero exacerbado
por tu propia impulcritud ajena”. Recuerda: Estreñimiento crónico siempre es y
será mejor que estreñimiento crónico y vómito.
Y para terminar digo: Si los agujeros negros
se dan donde Dios dividió entre 0, tú aprobaste matemáticas, amigo... matrícula
de honor ardor.
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